Boletin № 2 – Octubre 2010

En nuestro segundo boletín trimestral les hacemos llegar las novedades y las propuestas que se presentan para estos días. En particular los queremos invitar a nuestro próximo encuentro de formación, haciéndoles llegar un tema importante en nuestros días que busca dar luz a nuestras interrogantes más profundas.

Juan Pedro Martínez
Directiva ASIA

SEGUIR O NO SEGUIR

Dinámicas teológicas del seguimiento de Cristo
Dentro de los espacios de formación que anualmente propone la Asociación de Exalumnos Jesuitas, el próximo miércoles 20 de octubre a las 19:30 h. en la sala de la Biblioteca del Colegio Seminario se llevará cabo una charla a cargo de Ignacio Rey Nores sj, actualmente Director de  Pastoral del Colegio Seminario. Los esperamos.

EXALUMNOS EN EL MUNDO

XV Congreso Latinoamericano de Exalumnos Jesuitas [+info]

OBRAS – Nuestro Lugar

Continua la campaña para arreglar el techo del salón principal del Club de Niños. Si bien hemos tenido algunas donaciones todavía no hemos llegado a lo necesario para comenzar las obras. Quienes todavía no han colaborado y quieren hacerlo pueden comunicarse con la secretaria de la asociación: secretaria@exalumnosjesuitas.org.uy EL proyecto del arreglo del techo está a disposición en la sede de ASIA. Desde ya muchas gracias.

También aprovechamos para comentarles las novedades del Club.
En este último tiempo por diferentes motivos hemos tenido algunos cambios en las personas que llevan adelantes las actividades en Nuestro Lugar. Aquí se las presentamos.
Markis Martinez, Coordinadora del Club.
Julieta Berlangieri, Psicóloga, exalumna del Seminario
Verónica Silva, Asistente Social
Sofía Gutfraind, Educadora,
Bethiana Soca, Educadora
Ma. Gloria Dieste, Maestra.
Y continúan acompañando el proyecto desde su inicio, Sebastián Segovia como Tallerista y Ma. Cristina Chineppe como Auxiliar de Limpieza y Cocina.

RINCON IGNACIANO

La consagración de una vida

Una meditación sobre la santidad de Francisco de Borja
Lo perdí todo, con tal de ganar a Cristo y encontrarme unido a él.  Filipenses 3:8

En su autobiografía, San Francisco de Borja nos cuenta que hubo fiesta por su nacimiento, pues era el primogénito de seis hermanos, biznieto del Rey Fernando el Católico y de Rodrigo de Borja, que luego fue el Papa Alejandro VI. Dice que contaba con una larga parentela de grandes de este mundo, de cuya grandeza, con el tiempo, experiencia y vocación de Dios, se desligó para servir al más alto Señor.  En eso consiste su santidad.  Su riqueza mundana no fue un obstáculo a la hora de responder con presteza y diligencia al llamado de Cristo. Su prestigio, por grande que fuera, contó como basura comparado con el honor de entrar en la compañía de Cristo Jesús.
Esto no quiere decir que la santidad de los santos nacidos pobres valga menos delante del Señor.  Miles de santos anónimos han peregrinado por este mundo, dando testimonio del amor excesivo de Aquél que nos hizo, glorificando al Autor de la vida que nos sostiene con el pan de cada día.  Sin embargo, llama la atención cuando el camello logra pasar por el ojo de la aguja.  Puede parecer, al menos momentáneamente, como un escándalo, pues, al dejar su régimen de privilegio, abandona también sus responsabilidades.  Francisco, el Duque de Gandía, era un hombre poderoso y gobernaba prudentemente para el bien de su pueblo.
¿No se habrá equivocado?  Renunció a sus títulos de nobleza, a favor de su hijo Carlos, optando, mediante los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, por pobreza con Cristo pobre, humildad con Cristo humillado.  Muchos se escandalizaron.  Ahora, Padre Francisco no más, entendía que se trataba de un bien mayor.  Como el apóstol Pablo, había encontrado el tesoro interior que transforma los esquemas exteriores en chatarra insignificante.
En eso consiste la santidad del santo, en haberse rendido ante un amor más grande.  Ahí está el discipulado del discípulo, en la libertad de poder responder con alegría a un llamado desconcertante.  No se trata de la perfecta tristeza austera e inmaculada del hombre que por fin domina sus impulsos, sino de la plena generosidad de quien ha logrado consagrar sus pasiones, como dones del Creador, al servicio del Sumo Capitán y Señor.
Ésta es la opción del místico que, por la gracia, comienza a ver a Dios en todas las cosas.  Es el gesto consumado del apasionado que siente instintivamente las conexiones entre todas las personas y todas las cosas creadas.  Es la respuesta obvia del que ha entendido finalmente la gran ecuación universal: que el amor es vida, que la verdad es belleza; Cristo, la plenitud infinita.
Desde su vocación tardía, y luego de catorce años de sencillez misionera, al Padre Francisco se le pide retomar un rol de gobierno, esta vez como Superior General de la Compañía de Jesús.  Lo recuerda como el día de su cruz.
La tentación para nosotros es interpretar su llamado como un simple enroque entre el poder civil y el poder eclesial.  Es cierto que hizo mucho bien a la Compañía de Jesús, marcando rumbo en la tradición de nuestro Padre Ignacio, y agradecemos al Señor su gestión hasta hoy.  Se me ocurre, sin embargo, que en su reencuentro con las riendas del poder, se sentía ya no como faraón que manda ni como duque que impone, sino como Moisés que guía.
En eso se juega la consagración de la vida religiosa; en hacerse puente para quienes buscan a Dios.  En eso se realiza el discipulado del discípulo y el sacerdocio del sacerdote, mostrando con su ejemplo cómo se camina por amor con el Señor que es nuestra vida, nuestra verdad, nuestra belleza y esperanza.
Nathan Stone, S.J.
(Extraído de: www.jesuitas.cl)